Corta... precisa... llena de significado...
Siendo del tipo de humano extraña a quien le encanta la poesía pero no memoriza ninguna. No recuerdo los nombres de los autores, ni la procedencia de estos. Tampoco conozco de memoria las reglas para escribir poesía. Pero disfruto leerla, escucharla, sentirla, vivirla. Siento que es así como debe de ser. La poesía no debe de construirse, debe sentirse y dejarse ser.
Me encanta viajar y he tenido varias oportunidades en la vida de despegar los pies del suelo borincano en el que nací y vivo para ir de ojos bien abiertos a conocer mundo, como dicen por ahí. En uno de mis viajes a Buenos Aires, Argentina, con motivo de un curso de Derecho Comparado desde la Perspectiva Notarial, entré en varias librerías. Buscaba libros que me llamaran la atención con simplemente leer el título y hojearlos. Quería un libro de poesía argentina porque, hasta es día, no había leído ninguno. Me dio mucha curiosidad uno que al hojearlo noté que tenía pequeños poemas de un solo verso. Su autor, Daniel Chirom. El libro "Las Puertas de lo Invisible".
Cada poema en el libro tiene gran profundidad tan solo en unas cuantas letras. Al llegar al poema LXXXI, me tuve que detener. No podía creer como dos oraciones podían tener tanto significado.
Llevo un poco más de cinco semanas sin escribir aquí. Pero, sigo viva, aún con visión y observando el mundo en el que habito.
Me he percatado de que a pesar de lo importante que se ha vuelto la tecnología en nuestras vidas - de no ser por eso no me leerían - también ha invadido un poco nuestra intimidad. Sí, esa intimidad que tenemos como personas individuales. Pero, también la intimidad en el sentido de intimar con las demás personas a nuestro alrededor. He tomado conciencia de lo increíble que resulta ser que la tecnología, el Internet, las redes sociales, nos acercan cada vez más con las personas que están en otros lugares del mundo. Pero, nos distancia cada vez más de las personas que tenemos a nuestro lado.
Será porque he comenzado a entender la importancia de las pequeñas cosas, de los gestos, de la gente. De compartir impresiones, del calor humano, de las sonrisas, los abrazos, los besos, las miradas.
Ya no es posible caminar por ningún lugar sin tropezar con alguna persona. No precisamente porque sea yo quien no le haya visto, sino porque no importa que tan al pendiente de mi alrededor camine, siempre habrá más de uno con sus ojos fijos en la pantalla de un celular. Indistintamente del lugar y el momento. Ya parece más importante captar imágenes en fotografías que disfrutar momentos y guardarlos en la memoria y el alma. Los seres humanos ya parecemos cuerpos vacíos, sin alma, caminando a un precipicio sin fondo. ahora es siempre primordial narrarle a las redes sociales las cinco w's (what, when, where, who, why) de nuestro diario vivir, que precisamente vivirlo.
En las pasadas semanas he estado en todo tipo de lugar : oficinas, centros comerciales, teatros, restaurantes, plazas públicas, trenes, autobuses, hospitales, oficinas de gobierno. En fin, en todo tipo de lugar. En cada uno pude notar el triste denominador común de que la gente ya no habla con la gente. Solamente golpean las pantallas de sus celulares, toman fotos, hacen vídeos. Es impresionante darle los buenos días al elevador, a los pasillos, las escaleras, las puertas. Sí, darle los buenos días a las cosas porque no importa la cantidad de gente con la que te cruces en cada lugar, todos tendrán los ojos en sus pantallas y ninguno va a contestar.
Yo suelo tropezar con todo y pedirle perdón a todo. No importa si es persona, pared, columna o un animal. De la misma forma, acostumbro sonreír cuando entro en un lugar en el que no tengo idea si hay o no persona. Digo, es mejor sonreírle a las sillas antes de caer mal porque no viste a la gente. Pero, en estos días en los que me he percatado de la manera en la que estamos viviendo he tomado la iniciativa de sonreír y saludar. Las personas no suelen contestar porque no se dan cuenta. No ven a las otras personas y están demasiado distraídos como para escuchar. Fue precisamente eso lo que me trajo a la mente hace unos días atrás ese poema LXXXI de Daniel Chirom en Las Puertas de lo Invisible.
Luego de mi viaje vendrán otros
a poblar estas sombrías estepas
y como yo perderán la percepción de la luz.
Soy el adelantado de una raza de ciegos.
Quienes como yo conocen los efectos de la RP saben que, en efecto, progresivamente vamos perdiendo la percepción de la luz. Aunque no haya sido nuestra elección. Este poema encierra, quizá, la respuesta a ese por qué, que todos nos hemos cuestionado alguna vez, desde que nos confirmaron que padecemos la condición. Soy la adelantada de una nueva raza de ciegos, de unos ciegos por elección. Que decidieron dejar de ver el mundo.
Es que luego de este viaje en el que, sin saber por qué ha pasado, vamos perdiendo la percepción de la luz. Vendrán otros a poblar el lugar en el que estamos. Y los nuevos pobladores también perderán la percepción de la luz. Pero, en su caso habrá sido a su elección y por su propia querencia. Han decidido enajenarse de la realidad del mundo y vivir en una realidad virtual. Los pacientes de RP nos hemos convertido en los adelantados de una nueva raza de ciegos porque tenemos las herramientas que los mortales a los que algunos llaman normales, desconocen. Somos los adelantados de una nueva raza de ciegos porque hemos comprendido la belleza e importancia de la vida real. Lo hermoso de disfrutar de un amanecer, de la brisa, de las noches con estrellas, de la ,Luna y su esplendor. Del paisaje en las montañas, del mar y sus misterios, del cielo y sus encantos. Somos los adelantados de una nueva raza de ciegos porque sabemos disfrutar lo que la vida y la Pachamama nos regala día a día. Eso que los ciegos por elección han decidido perderse y que prefieren mirar a través de un monitor.
Ya sé que sin estas "maravillas" tecnológicas no me leerían. Pero, pensemos en la importancia de hablar con la persona a nuestro lado, de mirar el sol salir y ponerse, el vuelo de las aves, el golpe de las olas en las rocas, las hojas moverse con el viento. Lo bello de mirar sonrisas, de vernos en los ojos del otro.
Sigamos siendo personas, sigamos siendo poesía.
Perspectiva RP es un deseo, un sueño una necesidad. Es ver la vida a través de mis ojos, que no son necesariamente iguales a los de quien lee. Es dar una mirada distinta a la vida, aún viendo lo mismo que todos ven. Porque lo veo todo distinto y rara vez miro lo que ve el resto. La RP me escogió y no al revés. Aprender a vivirla y darla a conocer es una misión de vida. Aceptarla es parte de mi realidad. Pero eso jamás impedirá que luche contra ella.
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