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sábado, 26 de noviembre de 2016

De paseo por Polonia - Verano 2016.

Caminar por la vida con conocimiento de que ves todo muy distinto al resto de los mortales a veces puede ser Bueno y a veces no. Pero, en esta ocasión les contaré de una experiencia que me había guardado, pero fue tan buena que he decidido que la tienen que conocer.
La travesía la hice junto a otros cuatro amigos. Todos con lo que nosotros llamamos “visión normal”.
Sería 17 de julio de 2016 cuando en horas de la madrugada abordamos nuestro primer avión saliendo de San Juan, Puerto Rico, con destino a hacer una escala de varias horas en Newark, New Jersey. Llegamos, desayunamos y fuimos a conocer la imponente Catedral Basílica del Sagrado Corazón, Una joya arquitectónica tal que un día no es suficiente para poder conocer todos los detalles que tiene. Son millones. Que les digo de unas horas. Solamente alcancé a observar una mínima parte de lo maravillosa que es la estructura. De ahí fuimos a almorzar, en un lugar pequeño llamado Justin’s BBQ. El sabor de la comida es fenomenal. El costo es accesible y el trato de sus empleados estupendo.
Regresamos al aeropuerto para tomar nuestro próximo vuelo, el que nos llevaría al otro lado del planeta, con una nueva escala en Münich, Alemania. Allí tendríamos una espera de 14 horas y planificábamos usar toda la mañana para dar un paseo por el centro de la ciudad. Claro, no contábamos con el atraso de varias horas de vuelo que nos dejarían con solamente el tiempo suficiente para intentar conocer todo el Aeropuerto de Münich. Llegada la hora abordamos el avión con destino a Cracovia. Allí nos encontraríamos con dos amigas para completar el grupo de cinco. Era tarde así que nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente comenzarían nuestros días en Cracovia.
¿Por qué Polonia? Sencillo. Cada tres años jóvenes del mundo entero, convocados por el Papa, acuden a un país sede en el que se congregan para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud. En esta ocasión, Cracovia, Polonia, sería la ciudad sede. Pero, antes de las actividades propias de esta intensa pero hermosa semana, hay actividades corriendo en ciudades aledañas a la ciudad sede. Estábamos conscientes de que Cracovia se abarrotaría de gente (la contabilidad oficial de la participación en la JMJ 2016 asciende a unos 3 millones de personas) por ello decidimos irnos unos días antes y poder conocer un poco la ciudad que nos albergaría a la semana siguiente. Luego de esa corta estadía en Cracovia nos dirigimos a Wolbrom. Allí nos esperaban las familias que nos albergarían durante toda la semana de los Días en las Diócesis. Ninguno habíamos vivido este tipo de experiencia. Y debo reconocer que ha sido la más enriquecedora y hermosa que he tenido en mi vida. Éramos cinco y no cabíamos todos en una sola casa. Así que nos asignaron tres familias en residencias aledañas. Cada una distinta. Cada una, una experiencia. Tuve la grandiosa oportunidad de convivir esa semana con “Paul y Mama”, sus hijas y nietos. Probar la exquisita comida que Mama hacía a diario, los postres horneados en casa con bayas que ellos mismos cosechan. El patio trasero de la residencia estaba lleno de manzanos, arbustos de bayas, plantas de tomate, lechugas, papas, en fin, todo un huerto. Paul nos mostró además las plantas que él mismo cultivaba y vendía. Aprendí en esa semana a convivir con una cultura distinta, un idioma distinto, y a apreciar todo de forma distinta. Todas estas familias tenían una alegría indescriptible por tener a un pequeño grupo de peregrinos de Puerto Rico en sus hogares. Intercambiamos historias, les mostramos donde en el mapa del mundo queda nuestro pequeño tesoro y hasta les mostramos fotos en Internet de nuestros lugares más hermosos (no necesariamente los más visitados). Dejamos un poquito de nosotros en Wolbrom y definitivamente, Wolbrom vino a casa conmigo. Participamos allí de todas las actividades propias de los Días en las Diócesis. Peregrinaciones, visitas a santuarios, la visita a Auschwitz. Que debo decir ha sido la experiencia más triste que he tenido. En efecto estaba contenta de estar junto a peregrinos de Malaysia, Venezuela, Botswana y Polonia, en todas estas actividades. Pero, Auschwitz tiene en sí, el aire de muerte y sufrimiento. Un lugar que no debió existir nunca, para el propósito que fue usado.
Luego de una fantástica semana en Wolbrom volvimos a Cracovia, para las actividades de la JMJ. Hubo lluvia, sol viento. Un poco de todo. Para las actividades centrales nos acomodaron en el área de personas con impedimentos. El área estaba muy bien preparada para las personas con impedimentos de movilidad y personas en sillas de ruedas. No así para personas con otro tipo de impedimento. Si bien estábamos ubicados justo al frente de una de las pantallas la realidad es que la zona quedaba a uno de los lados de la tarima y no era posible apreciar bien la Eucaristía y las otras actividades a menos que fuera a través de la pantalla. Eso sí, los voluntarios eran todos muy amables y atentos. De ellos ni una queja. La realidad es que todo en Cracovia estuvo muy bien organizado.
Tuve un percance con el pie izquierdo el viernes de esa semana. En la mañana habíamos ido a visitar los santuarios de la Misericordia y Santa Faustina. Ya en la tarde caminando hacia el Vía Crucis, no aguantaba más. La semana anterior, en los días que estuvimos en Wolbrom tuve una caída bastante fuerte mientras caminaba en peregrinación (ya saben es mucha gente) con mi bastón verde y una mochila en la espalda. Caminamos un poco más de 17 kilómetros para llevar al Santuario de la Virgen Negra en Czestochowa. La experiencia fue… Bien, no fue una mala experiencia salvo por la caída provocada por mis intentos de seguir el paso de quien nos pedía ir más rápido. Aún yo sabiendo que si no me fijaba bien en el camino pasaría lo esperado. Vamos, que ustedes y yo sabemos lo mucho que nos gusta el piso a “los RPers*” ;) Ese día mi rodilla derecha se hinchó horrible. Pero, no se rompió (al menos eso creo… hasta ahora…jajaja). Volvamos a donde estaba, el viernes en que el pie izquierdo se rindió y dijo que no caminaba más. Me llevaron a una tienda de emergencia, allí un médico me revisó y me puso una bolsa de hielo. Pasaría cerca de media hora cuando miraron y el pie seguía “igual”. La realidad es que el dolor iba en aumento cada segundo que ese paquete frío se mantenía sobre mi pie. Bien, llegó el momento de irme al hospital. El doctor estaba muy preocupado de que tuviera una Trombosis Venosa Profunda. Fue ahí cuando me asusté. Por supuesto que no sabía lo que eso quería decir, pero el mero término dicho en inglés con acento polaco me asustó. Aunque me asustó mucho más cuando el doctor dijo “Did you see a heart doctor in your country?”. Eh… no… Why? “Well.. I think you shiuld?” Fue ahí cuando mi cerebro (extremadamente creativo e imaginativo) me hizo creer que me podía morir en Polonia. Llegaron los paramédicos, me montaron en una camilla, me subieron a la ambulancia (todos hablando en polaco). ¿Asustada yo? ¡Nah! ¡Aterrada! Sólo imaginen la escena. Luego de recomendarte visitar un cardiólogo, te suben a una ambulancia, ninguno de los paramédicos habla inglés y no quieren que nadie te acompañe… Sí, the struggle is real! Finalment permitieron que una de mis amigas me acompañara en la travesía en ambulancia. Paréntesis: JAMÁS había tenido la experiencia de que me llevaran al hospital en ambulancia.
Sigamos. Una vez en el hospital (que no se parecía a nuestros hospitales acá) no permitieron que nadie me acompañara adentro. Así que tuve un encuentro cercano con el miedo de tener algo en el corazón (o el pie roto) y el miedo de no entender ni a la mitad de los médicos y enfermeras porque solo unos cuantos hablaban inglés y yo lo único que sé de polaco es “sí, no, gracias y buenos días”. En un espacio como de hora y media (les diría dos horas para que no se asombren mucho pero en realidad es que si vemos las horas de llegada y salida del hospital – incluidas en el reporte médico en polaco que me entregaron a la salida junto a la receta – pues no sería justo decir que tardaron dos horas), me hicieron radiografías dos veces, me hicieron análisis de sangre y varios médicos vieron esas analíticas y las radiografías. Me dieron de alta con claras instrucciones de levantar la pierna, ponerme hielo cada cinco horas por espacio de 15 minutos y no caminar bajo ninguna circunstancia. Luego de una intensa búsqueda logramos llegar en dos taxis al lugar en el que no estábamos quedando.
¿Sabían que soy terca? He llegado a pensar que viene dentro de la genética de la RP**, pero es algo que no he discutido con otros RPers* así que no puedo decir que sea un argumento concluyente. En fin…
Al día siguiente iniciaba la actividad más importante de la JMJ. Tendríamos que caminar varios kilómetros para llegar al lugar en el que unas tres millones de personas tendríamos la actividad de cierre, la vigilia de oración y la misa al otro día. Temprano fuimos por la receta que me ordenaron en  el hospital la noche anterior. Luego entre caminatas, trenes y ángeles que se cruzaron en nuestro camino llegamos al lugar de la vigilia. Cuando digo que la gente de Polonia es gente linda y encantadora, lo digo de todo corazón. Más de uno, sin conocernos, nos auxiliaron dándonos transporte hasta los puntos más cerca en los que nos podían dejar por los cierres de carreteras que tenía el gobierno. La seguridad era sumamente alta en esos días. El Papa Francisco estaba en Cracovia y amenazas de posibles ataques terroristas eran algo normal que sucedieran. No pasó nada grave. Insisto, la seguridad era máxima. Tengo que reconocer que no me había sentido tan segura jamás.
Pasamos un hermoso tiempo en la vigilia. Me impresionaron sobremanera los testimonios de los jóvenes que contaron como sus vidas cambiaron al entregarse al Señor.
Por supuesto que no todo es color de rosa. Vamos, que en ningún lugar en el que haya congregadas más de tres millones de personas, todo va a estar de plácemes.
Una de las cosas que me desilusionó mucho es ver como las personas con impedimentos de movilidad (indistintamente de la nacionalidad, porque me pasó con todos), tanto para entrar como para salir de las sedes de los eventos grandes, empujaban, gritaban que tenían más derechos de pasar porque estaban en sillas de ruedas. En una ocasión fue necesario responder y dejarles saber que la discapacidad visual es igualmente un impedimento, que ellos pese a no poder moverse pueden observar y esquivar los obstáculos a su paso. Nosotros no. En todo el camino siempre conté con ayuda. ¿Les dije que viajé con cuatro amigos geniales? Pues se los repito ;)
Los días restantes en Polonia los utilizamos para hacer un viaje a Varsovia y otro a las montañas de Zakopane. Varsovia, en contraste con Cracovia no me pareció una ciudad tan segura. Sí es una ciudad interesante. Conviven allí la arquitectura de antes de la guerra (lo que queda) con los edificios ultra modernos y eso es impresionante. Tiene mucha historia y ciertamente unas horas no fueron suficientes para recorrerla toda. Zakopane es una región preciosa. Las montañas, el queso hecho a mano, la arquitectura en madera.
Un solo país, cuatro ciudades completamente distintas una de la otra. Y tengo que admitir que, si me dieran la oportunidad de regresar a Polonia, volvería a Wolbrom sin pensarlo dos veces. En la ciudad algunos dicen que allí lo que viven son personas sin estudios ni educación. Pero, yo viví otra cosa. La gente de Wolbrom es la más dada y encantadora que he conocido. Allí se vive verdaderamente en comunidad, todo el mundo se conoce y el sentido de pertenencia se percibe en cada uno de sus habitantes.
¿Por qué no les conté de esto justo al llegar del viaje?  La realidad es que creo que ha sido por vagancia. Eso y que no encontraba el momento en el que las palabras fluyeran para poder expresar todo condensado. Fueron 20 días de viaje y experiencias. Que, evidentemente, no están detallados aquí. Pero, tienen una idea.
No les prometo una entrada diaria, ni semanal. Quizás mensual o semestral. Bueno. Ustedes simplemente espérenla que vendrá cuando ya se estén cansando y piensen que no volveré a escribir.
Les envío un abrazo y Gracias Totales por leer.

*RPer  -Término que usamos en varias comunidades sociales para referirnos a quienes padecemos de RP.

**RP  - Siglas de Retinitis Pigmentosa. También conocida en algunas partes del mundo como Retinosis Pigmentaria. Se trata de un padecimiento genético en el que las células de la retina (las neuronas de la retina) conocidos como bastones y conos, están muriendo constantemente. Al momento no hay una cura definitiva por lo que quienes lo padecemos pudiéramos llegar al estadío de ceguera total. Se manifiesta por la carencia de visión nocturna y también se caracteriza por tener visión de túnel. Algo así como si colocaras un tubo en cada uno de tus ojos e intentaras utilizar tu visión periferal ahí dentro.  Pero, tranquilos que la ciencia no se ha olvidado de nosotros. ;) 

miércoles, 27 de enero de 2016

Viendo lo que me he perdido.


!Hola!

Tenía en calendario escribirles la semana pasada, pero entre una cosa y otra, los compromisos, los tropezones (típicos de la RP) y otras cosas, he tenido el blog un poco en el olvido.

Comienzo por contarles mi experiencia el pasado domingo 17 de enero, en las Fiestas de la Calle San Sebastián, que se celebrant en el Viejo San Juan en mi hermoso Puerto Rico. Nunca había estado en estas fiestas porque siempre me habían parecido un revolú, un sal pa’fuera. En fin, me parecían un montón de gente amontonada entre alegría, algarabía y empujones. Y, Bueno… demás está decir que le huyo a cualquier posibilidad adicional de tropezar y caer al suelo. Pero, en esta ocacasión todas las personas con las que hablaba de que me interesaba experimentar las Fiestas de la Calle San Sebastián, me convencieron de hacerlo bajo el argumento de que eran la edicón major organizada de la que habían participado. Era algo que tenia que constatar yo misma. Siendo que me he perdido este divertido festival por tantos años y ante la posibilidad de pasarla bien y no tropezar me lancé a la aventura.

Antes de seguir, debo felicitar a la Administración Municipal de San Juan y toda su empleomanía, así como a la Autoridad de Transporte Integrado de Puerto Rico y a todos los que trabajaron en la organización y la logística de la edición 2016 de las Fiestas de la Calle San Sebastián. Y, les felicito porque siendo yo una persona con un impedimento visual no me tope con ninguna dificultad para moverme en el trasporte desde las estaciones del Tren Urbano hacia las guaguas que trasladaban a todos hasta el Viejo San Juan, y viceversa. Tengo que decir que he estado en actividades multitudinarias, actividades de millones de personas, en otras partes del mundo y no encuentro manera para no sentirme orgullosa de mi País al darme cuenta de que la organización del transporte para las Fiestas de este año fue de caliber mundial. Incluso, major que lo que he podido experimentar en esas otras actividades mucho más grandes.

Y, una vez en el Viejo San Juan, caminé por todas las plazas donde hubo oferta artística, canté y bailé mientras caminaba por las calles de la Ciudad Amurallada en medio de comparsas improvisadas hasta llegar a la Calle San Sebastián, nombre del santo en cuyo nombre se lleva a cabo este festival año tras año. Una fiesta que ya ha sido calificada como de las más importantes del mundo y que en lo personal, tras mi experiencia, debo decir que es una fiesta que Nadie debería perderse, no importa en el lugar del planeta que viva.

Con un poco de ayuda de mis acompañantes no hubo caídas, ni tropezones. Solamente diversion y alegría de esa que solamente se puede experimentar en el País con las Navidades más largas del mundo.

Pensar que me lo había perdido. Pero, uno de mis propósitos este año es vacíar un poco mi lista de cosas por hacer. Más aún, ver un poco más de lo que me he perdido.

Será un año de muchos retos y metas por cumplir. De inflar sueños que se han vaciado y moverlos al renglón de metas logradas. Y, que major manera de comenzar que compartiendo con la gente de mi Tierra.
Porque todo tiene una razón de ser, las monedas tienen dos lados y cada quien ve la vida según los ojos que le tocaron. Cambia la forma de ver la vida y disfruta. Al fin y al cabo, todo es cuestión de perspectiva.

                                                                                                                                                                               


sábado, 2 de enero de 2016

Mi poesía favorita...

Corta... precisa... llena de significado...

Siendo del tipo de humano extraña a quien le encanta la poesía pero no memoriza ninguna. No recuerdo los nombres de los autores, ni la procedencia de estos. Tampoco conozco de memoria las reglas para escribir poesía. Pero disfruto leerla, escucharla, sentirla, vivirla. Siento que es así como debe de ser. La poesía no debe de construirse, debe sentirse y dejarse ser.

Me encanta viajar y he tenido varias oportunidades en la vida de despegar los pies del suelo borincano en el que nací y vivo para ir de ojos bien abiertos a conocer mundo, como dicen por ahí. En uno de mis viajes a Buenos Aires, Argentina, con motivo de un curso de Derecho Comparado desde la Perspectiva Notarial, entré en varias librerías. Buscaba libros que me llamaran la atención con simplemente leer el título y hojearlos. Quería un libro de poesía argentina porque, hasta es día, no había leído ninguno. Me dio mucha curiosidad uno que al hojearlo noté que tenía pequeños poemas de un solo verso. Su autor, Daniel Chirom. El libro "Las Puertas de lo Invisible".

Cada poema en el libro tiene gran profundidad tan solo en unas cuantas letras. Al llegar al poema LXXXI, me tuve que detener. No podía creer como dos oraciones podían tener tanto significado.

Llevo un poco más de cinco semanas sin escribir aquí. Pero, sigo viva, aún con visión y observando el mundo en el que habito.

Me he percatado de que a pesar de lo importante que se ha vuelto la tecnología en nuestras vidas - de no ser por eso no me leerían - también ha invadido un poco nuestra intimidad. Sí, esa intimidad que tenemos como personas individuales. Pero, también la intimidad en el sentido de intimar con las demás personas a nuestro alrededor. He tomado conciencia de lo increíble que resulta ser que la tecnología, el Internet, las redes sociales, nos acercan cada vez más con las personas que están en otros lugares del mundo. Pero, nos distancia cada vez más de las personas que tenemos a nuestro lado.

Será porque he comenzado a entender la importancia de las pequeñas cosas, de los gestos, de la gente. De compartir impresiones, del calor humano, de las sonrisas, los abrazos, los besos, las miradas.

Ya no es posible caminar por ningún lugar sin tropezar con alguna persona. No precisamente porque sea yo quien no le haya visto, sino porque no importa que tan al pendiente de mi alrededor camine, siempre habrá más de uno con sus ojos fijos en la pantalla de un celular. Indistintamente del lugar y el momento. Ya parece más importante captar imágenes en fotografías que disfrutar momentos y guardarlos en la memoria y el alma. Los seres humanos ya parecemos cuerpos vacíos, sin alma, caminando a un precipicio sin fondo. ahora es siempre primordial narrarle a las redes sociales las cinco w's (what, when, where, who, why) de nuestro diario vivir, que precisamente vivirlo.

En las pasadas semanas he estado en todo tipo de lugar : oficinas, centros comerciales, teatros, restaurantes, plazas públicas, trenes, autobuses, hospitales, oficinas de gobierno. En fin, en todo tipo de lugar. En cada uno pude notar el triste denominador común de que la gente ya no habla con la gente. Solamente golpean las pantallas de sus celulares, toman fotos, hacen vídeos. Es impresionante darle los buenos días al elevador, a los pasillos, las escaleras, las puertas. Sí, darle los buenos días a las cosas porque no importa la cantidad de gente con la que te cruces en cada lugar, todos tendrán los ojos en sus pantallas y ninguno va a contestar.

Yo suelo tropezar con todo y pedirle perdón a todo. No importa si es persona, pared, columna o un animal. De la misma forma, acostumbro sonreír cuando entro en un lugar en el que no tengo idea si hay o no persona. Digo, es mejor sonreírle a las sillas antes de caer mal porque no viste a la gente. Pero, en estos días en los que me he percatado de la manera en la que estamos viviendo he tomado la iniciativa de sonreír y saludar. Las personas no suelen contestar porque no se dan cuenta. No ven a las otras personas y están demasiado distraídos como para escuchar. Fue precisamente eso lo que me trajo a la mente hace unos días atrás ese poema LXXXI de Daniel Chirom en Las Puertas de lo Invisible.
                 Luego de mi viaje vendrán otros 
                 a poblar estas sombrías estepas
                 y como yo perderán la percepción de la luz. 
                 Soy el adelantado de una raza de ciegos.

Quienes como yo conocen los efectos de la RP saben que, en efecto, progresivamente vamos perdiendo la percepción de la luz. Aunque no haya sido nuestra elección. Este poema encierra, quizá, la respuesta a ese por qué, que todos nos hemos cuestionado alguna vez, desde que nos confirmaron que padecemos la condición. Soy la adelantada de una nueva raza de ciegos, de unos ciegos por elección. Que decidieron dejar de ver el mundo.

Es que luego de este viaje en el que, sin saber por qué ha pasado, vamos perdiendo la percepción de la luz. Vendrán otros a poblar el lugar en el que estamos. Y los nuevos pobladores también perderán la percepción de la luz. Pero, en su caso habrá sido a su elección y por su propia querencia. Han decidido enajenarse de la realidad del mundo y vivir en una realidad virtual. Los pacientes de RP nos hemos convertido en los adelantados de una nueva raza de ciegos porque tenemos las herramientas que los mortales a los que algunos llaman normales, desconocen. Somos los adelantados de una nueva raza de ciegos porque hemos comprendido la belleza e importancia de la vida real. Lo hermoso de disfrutar de un amanecer, de la brisa, de las noches con estrellas, de la ,Luna y su esplendor. Del paisaje en las montañas, del mar y sus misterios, del cielo y sus encantos. Somos los adelantados de una nueva raza de ciegos porque sabemos disfrutar lo que la vida y la Pachamama nos regala día a día. Eso que los ciegos por elección han decidido perderse y que prefieren mirar a través de un monitor.


Ya sé que sin estas "maravillas" tecnológicas no me leerían. Pero, pensemos en la importancia de hablar con la persona a nuestro lado, de mirar el sol salir y ponerse, el vuelo de las aves, el golpe de las olas en las rocas, las hojas moverse con el viento. Lo bello de mirar sonrisas, de vernos en los ojos del otro.

Sigamos siendo personas, sigamos siendo poesía.