Me cuesta mucho tomar decisiones cuando pienso con la cabeza fría. Incluso si tomo una decisión apresurada, cuando sé que ya no hay vuelta atrás, me siento a pensarlo y me aterra la posibilidad de que las cosas no salgan como lo he planificado.
Pero la vida es una montaña rusa de emociones, oportunidades y sorpresas. No podemos tener todo fríamente calculado. En ocasiones hay que dejarse llevar y que sea la misma vida la que te coloque en el momento y lugar adecuados. Eso, sin nunca dejar de remar el barco porque si guardas los remos y solo te dejas arrastrar por la corriente tarde o temprano vas a perder el camino, a quedar varado o a morir en el intento por llegar a algún lugar.
Así como hace un mes una idea merodeaba en mi cabeza pidiéndome a gritos comenzar a escribir para poder compartir como es vivir a través de los ojos de la RP, otra idea merodeaba en mi cabeza hace unas semanas y no la dejé enfriar para que no me caducara. Y, es que tengo una lista de cosas por hacer casi infinita. Tan larga que podría compartirla para que dos o tres personas me ayudaran a completarla. Pero quiero hacerlo sola.
Con el tiempo te das cuenta de que hay cosas que tienes que hacer por ti misma. Que tienes que dejar de depender de otros. Como dicen "si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo". Siempre hay gente buena a tu alrededor. Pero esa gente buena también tienen sus vidas y no puedo pretender que esas vidas giren en torno a la mía.
Por su puesto que dentro de mi lista de cosas por hacer está poder encontrar ese alguien que quiera unir su lista a la mía y completarlas ambas, juntos. Asi, como Laura encontró a Sebastián en "Te presento a Laura". Desde que vi esa peli incluí en mí lista de cosas por hacer "salvar una vida y cuidarla". Salvarla de lo que sea que le esté quitando respiros, cuidarla hasta que sea tiempo de su último suspiro.
Escribo esto con algo de nostalgia y sí, tristeza. Solo digamos que quería algo y simplemente no pudo ser... Fue hace unos días. Pero, igual... Sigo triste.
Para los que como yo padecen la RP conocen que el sube y baja de emociones es algo normal y que vivimos a diario. También saben que la receta para mantenernos bien es la felicidad y que un poco de tristeza puede representar un gran riesgo. Claro... ¿Quién no sufre en esta vida? ¿Quién no tiene un algo de tristeza de vez en cuando? Yo la evito lo más que puedo. Pero, cuando llega, llega.
Son esos instantes los que te hacen pensar en que todo lo que tienes que hacer es darle la vuelta a las cosas, cambiar el plan y seguir adelante hasta lograr la meta. Son instantes en la vida en los que te llega una dosis de realidad y simplemente cambias de rumbo.
Decides. Sí, decides.
Decides que la vida es corta y las ganas son muchas. Decides que el tiempo se agota y la lista de cosas por hacer aumenta. Decides que es momento de dar el paso, ese primer paso que te llevará a tomar las riendas de tu vida. Decides que es momento de tomar decisiones importantes. Decides tomar la primera de esas decisiones porque decides actuar.
En las próximas entradas les mostraré una idea de lo que es estar mi mis zapatos, mirar con mis ojos. Sin asistencia. Les contaré un poco de mi diario vivir. Prometo no aburrirlos con libretos repetidos.
En las próximas semanas llevaré a la realidad una de esas decisiones que me costó tanto tomar pero que era necesaria. Será una travesía interesante, como todo lo que se hace por primera vez en la vida.
Porque se nos pasa la vida por encima y la vivimos si pasear por ella y eso es lo que sale caro. No es el miedo es dejarnos convencer por el miedo lo que nos pasa factura después.
Que sea Si o que sea No. Que no haya medias tintas y nada que induzca a error.
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